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Wednesday, January 18, 2012

LLEGA EL TET - TETは来る

Aterrizado ya hace días, observo a la ciudad que se prepara para mi tercer año nuevo lunar. El Tet. El año del dragón. Un año excelente para casarse o tener hijos pues éstos serán fuertes, independientes, valientes, sabios y además por si fuera poco madurarán a edad temprana. 

Después de las celebraciones decembrinas parece como si éstas se prolongaran en una especie de días de la marmota, ahora en tierras indochinas. Los árboles (mandarinos) y las ramas de melocotoneros se trasladan sobre las motos de los xeones (lease individuos malencarados que te llevan en moto por unos cuantos dongs) a toda velocidad entre el tráfico. Algunos atascos son provocados por estos teleárboles a domicilio. Parece ser que las ramas de los melocotoneros ahuyentan a los malos espíritus. Son los días que preceden al letargo de la ciudad. Los vietnamitas cierran prácticamente todos los negocios y regresan junto a sus familias a sus lugares de origen durante esos días. Los bancos por ejemplo cierran toda la  semana. La actividad frenética de las calles desaparece. Es invierno pero parece otoño. 








Wednesday, December 14, 2011

LA BANDERA - フラグが

En lo alto de la torre de la Ciudadela la bandera se deja mecer por el aire invernal de esta tarde de diciembre. El cielo de Hanoi está extrañamente azul estos días. Ésta es una ciudad de cielo gris las más de las veces. Especialmente en estos meses. Pero estos días está azul. Y un día detrás de otro. Y uno descubre lo mágica que puede ser la ciudad así. Lo distinta. Alguien se asoma a lo alto de la torre. Mira la ciudad desde una de las ventanas. Todos estamos incrédulos ante estos días de frío con un cielo cobalto sobre nosotros.


Sunday, November 20, 2011

SAIGÓN

Saigón. Un día cualquiera. Recorro la distancia entre el Botanic Tower y el centro. Botanic Tower es una torre de apartamentos donde viven pilotos (me alojo en el apartamento de unos amigos del gremio que vuelan con Vietnam Airlines), expatriados y vietnamitas varios que no está lejos del aeropuerto. Camino entre las calles estrechas atravesando un río o aprendiz del mismo. Hace calor y de pronto una iglesia roja se yergue al fondo de la calle. Más allá llegaré hasta la Ópera. Saigón. Un caos sin formas. Pronto llegará la estación de las lluvias. 


Tuesday, June 14, 2011

TRANSPORTE DE ANIMALES EN VIETNAM


Sólo temíamos que con el bamboleo del cerdo (abierto en canal), éste acabara en medio de la autopista. Afortunadamente el colega tenía práctica.

Friday, May 27, 2011

UN ROLLS EN HANOI

Un toque de surrealismo aderezado quizá con una dosis de corrupción. Un Rolls Royce en medio del millón de motos de cuatrocientos dólares de Hanoi. No es el primero que veo.


Tuesday, May 17, 2011

REFLEJOS NOCTURNOS EN TRUC BACH

Ocho de la tarde. Truc Bach y sus aguas son un perfecto espejo en el abismo de esta noche oscura y fría de Hanoi de este extraño mes de mayo.

Friday, April 29, 2011

HANOI DULCES SUEÑOS


Hanoi. Centro de la ciudad. Dos de la tarde. Atascos, ruidos, polvo y barullo. Sueño profundo entre el caos. Una extraña muñeca me mira silenciosa. Se ve que el negocio va bien. O no.

Friday, April 15, 2011

BARES DE CARRETERA EN VIETNAM

La experiencia de parar a tomar algo en los "bares" o restaurantes de carretera de Vietnam es algo no apto para todos los paladares. Y más si se llega a horas no habituales. Muchos de ellos sirven literalmente la comida junto a la vía pública por lo que la mayoría de los platos vienen aderezados con una mezcla de humo, polvo y ruido difícil de imaginar y un poco incomprensible, pudiendo poner una pared o una cortina. Éstos hay claramente que evitarlos e intentar que estén alejados al menos veinte metros del arcén. No obstante el viet típico, si puede comer en la misma mesa con su moto, mejor que mejor.

La limpieza tampoco es su fuerte y uno reza por no pillar nada. Ver los platos en el suelo en baldes de plástico y un perro durmiendo al lado y no salir corriendo no es fácil. Pero es tarde y es lo mejor que hemos visto desde hace dos horas. Uno confía en la divina providencia y el estómago vacío además presiona bastante. Un calendario de una mujer militar acompaña a comensales solitarios. Creo que invita al personal a enrolarse y a vestirse de caqui aunque la muchacha vaya de blanco. La gente tampoco es especialmente amable pero la señora hace su trabajo y tarda unos minutos en extraer de la olla humeante el esperado plato de sopa. Tengo que decir que éste fue de los mejores pho bo (noddles con ternera) que recuerdo. Hay que ver lo que hace el hambre.




Friday, April 8, 2011

LA PLAZA LENIN - レーニン広場

En Hanoi cerca del mausoleo de Ho Chi Minh está la que llamamos plaza Lenin por razones obvias. Está enfrente del museo de la guerra y de la Ciudadela. Allí durante todo el día se suceden espectáculos como grupos de mujeres en pijama haciendo aerobic a eso de las seis de la mañana (ésto todavía no lo he comprobado), raperos viets adolescentes haciendo contorsiones al caer la tarde, hasta gente que alquila  cochecitos de ruedas para que los niños hagan sus primeros pinitos al volante. Pero esta mañana se le rinden honores por parte de soldados de un verde intenso y viet a la estatua silente y un poco amenazadora de Lenin. Parecen otros tiempos. Nadie hace el menor caso. Tan sólo nosotros parados con la moto junto al Café Highlands mirando divertidos.


Saturday, February 26, 2011

FRÍO Y HOA LOA - 冷 と HOA LOA

El frío llena las calles de Hanoi. El frío paraliza los rostros de las mujeres que llevan en sus balancines la fruta que a duras penas logran vender en jornadas de doce horas pateando las calles. El regreso a casa en moto es un pequeño suplicio con el viento frío del norte de Vietnam. Parece irreal pues en unas semanas a las tres de la tarde el asfalto se derretirá bajo nuestros pies. La ciudad parece triste. A mil kilómetros al sur están a treinta grados. En Saigón. ¿Por qué esta injusticia? me pregunto yo. ¿Por qué no nos prestan tan sólo seis o siete grados? El lago Ho Tay y las decenas de lagos de Hanoi añaden el toque de la humedad al pastel. En este ambiente un poco gris y lúgubre recuerdo la visita que hice hace meses a la prisión de Hoa Loa (horno ardiente en vietnamita).

La prisión fue construida por los franceses (la llamaron Maison Centrale) para los presos vietnamitas durante su guerra contra aquellos. Y posteriormente reciclada por éstos para custodiar a los americanos durante la guerra de los sesenta. Los pilotos y demás yanquis que allí "residieron" la bautizaron como Hanoi Hilton lo que le dio una enorme popularidad. Hay una guerra propagandística en las fuentes históricas sobre quien torturó más entre sus muros. Ahora la prisión convertida en museo reproduce con montajes la oscura época de los franceses y la más suave temporada de los americanos. 

La prisión está medio escondida entre las calles de Hanoi con un gran edificio a sus espaldas. Es hasta difícil de encontrar y hoy afortunadamente no hay casi nadie. Por momentos me recuerda una especie de exposición de arte contemporáneo. De hecho este museo supera muchas que he visitado en el pasado. En las celdas han colocado maniquíes de prisioneros de tamaño natural, música de ambiente tétrico especialmente seleccionada para acompañar al visitante y textos explicativos de las diversas y variadas torturas aplicadas (claro está por los franceses) y textos sobre lo bien que trataron a los americanos.

Hanoi está triste estos días. Y la primavera se está haciendo esperar. 














Friday, January 21, 2011

TAM COC

Ahora que el frío se ha instalado en Hanoi y el invierno más duro de los últimos años (según los viejos del lugar) se ocupa de congelar las mentes y las motos es momento de recordar aquellos días del verano (¿dónde están esos 38 grados ahora?) en que fuimos a ver las cuevas de Tam Coc. Con un calor infernal en una almendra sobre ruedas llegamos dando botes después de más de dos horas de viaje al conocido como Ha Long interior. El tour que contratamos primeramente nos deja en unas pagodas de los tiempos de esplendor del Vietnam antiguo y tras unas fotos y unos budas sonrientes los más osados (o sea Rubén y yo) tomamos unas bicicletas y desafiamos al calor inclemente y nos desplazamos hasta el embarcadero del río Ngo Dong. Pedaleamos entre campos de arroz y pequeñas aldeas durante una hora más o menos. Y llegamos justo para comer. Los más listos han llegado allí tranquilamente en autobús pero seguro que de ese trayecto se olvidan y nosotros no.

El río discurre apacible entre formaciones calcáreas con la típica vegetación vietnamita frondosa y verde. Son como torres inmensas que custodian las aguas. Campos de loto flotantes, pequeñas pagodas o torres que salpican algunos de los montes, hileras de barcas con turistas con paraguas que procesionamos lentamente sobre las aguas, tumbas antiguas en las orillas del río. Las remeras utilizan para nuestro asombro los pies y lo hacen de una manera ligera y fácil. El río atraviesa las cuevas Hang Ca, Hang Giua y Hang Cuoi. El calor es grande pero las aguas transmiten frescor y el paisaje por momentos sobrecoge. 

El camino de vuelta proporciona, cómo no, ligeros momentos de tensión (véase el adelantamiento de un camión suicida) así como una extraña nube con forma de guerrero. Y en el camino de ida campanarios aislados y alguna hoz y martillo aéreo. Los viajes son largos y pesados pero yo nunca me canso de mirar.














Tuesday, December 28, 2010

MARISCO JUNTO AL LAGO TRÚC BACH - チュックバッハ湖


El mejor restaurante de Hanoi para tomar marisco no es precisamente el más elegante de la ciudad. Tampoco es un lugar tranquilo y el humo de los coches es a menudo compañero habitual de los platos. El servicio impecable impecable no es y la clientela distinguida distinguida tampoco. Hay unas banquetas de plástico que son las sillas y unas mesas pequeñas del mismo material para apoyar los platos. El lavavajillas es una señora en cuclillas que se inclina frente a un grifo y lava los platos que deja diligente sobre la misma acera de la calle. Enfrente está el lago de Trúc Bạch, un lago pequeño al norte de las calles laberínticas del centro, donde en octubre del 67 un piloto americano llamado John McCain, habiendo sido derribado su avión A-4 Skyhawk por un misil antiaéreo, cayó en paracaídas sobre sus aguas (pongo la histórica foto de su recogida por los viets). Después de ser capturado se le trasladó a la famosa prisión de Hoa Lo, más conocida como Hanoi Hilton, donde estaría casi seis años (el apodo de la prisión "Hilton" creo que no necesita explicación).

Los cangrejos, gambas y bogavantes (o algo parecido) se mueven intranquilos en una especie de peceras con los cristales no demasiado limpios. Los camareros o pinches, jovencísimos, esperan la orden para introducir la mano o una especie de gancho y extraer el contenido del plato que los impacientes clientes esperamos. Los bichos se mueven nerviosos. Las gambas son puestas cuidadosamente en una especie de sartén de rejilla y puestas al fuego inmediatamente y al plato a continuación. Dos minutos escasos. Los centollos, enormes, son colocados sobre la acera mirando al cielo y a continuación una señora o una niña, depende del momento, le clava unas tijeras en el vientre a la vista de la expectante clientela mientras el pobre bicho mueve las patas sin esperanza. Una olla por lo menos de la época en que McCain cayó al lago le espera.

El mejor restaurante para tomar marisco de Hanoi no es precisamente el más limpio de Indochina, pero nunca me ha sentado mal ninguna cena. Cuando comienza a escasear la comida debido a la gran afluencia de clientes, aparece un chico en una moto desvencijada que a su espalda trae una caja grande con nuevos candidatos para el fuego. Cada vez que voy allí, las más de las veces soy el único extranjero. Dejo que pidan por mí en ese idioma ininteligible que me rodea y la mesa se llena siempre con los mismos platos. En eso somos rutinarios. ¿Para qué variar y correr el riesgo de equivocarnos?. Almejas, langostinos o cigalas y una especie de caracoles de mar, finalizando con unos "noodless". Siempre pedimos lo mismo pero cada cena es distinta. La calle con su vida incesante a ras de asfalto, los niños que se acercan para vendernos sus paquetes de chicles con xilitol, la muchacha de mirada triste que atraviesa la calle con su bicicleta para vender una especie de pasteles caseros, el hombre que guarda las motos que siempre sonriente nos recibe, la matriarca con sus gafas pequeñas chequeando las cuentas, la variopinta clientela que va desde grupos de hombres medio peonzas, familias al completo con abuela en pijama incluida, una pareja de daneses despistados un domingo de septiembre y hasta alguna cantante local vestida al más puro estilo fashion-viet que llega al restaurante en un coche que seguramente iguala al presupuesto de alguna región del país. Todo hace que cada vez que vamos allí sea distinto. Recuerdo la mirada asombrada y divertida de Rubén ante este espectáculo cuando le llevamos allí a cenar. Diez euros escasos para tres personas fue la cuenta. 

El mejor restaurante para tomar marisco de Hanoi no tiene nombre. Tan solo es una esquina perdida en la calle que bordea al viejo lago de Trúc Bạch.